Abre tu mente y empieza el año con buen pie: ¡de verdad!

Abre tu mente y empieza el año con buen pie: ¡de verdad!

Crecimiento personal

Todos hemos querido siempre comenzar el año con buen pie ¡cómo no! Para ello, muchos de nosotros conforme avanzaba diciembre de forma vertiginosa, empezábamos a plantearnos una lista de buenos propósitos o deseos que íbamos a sacar adelante en el año que de forma inminente se acercaba. ¿Os suena? Aquí en nuestra web incluso os proponíamos en el último post del año cómo hacerlos de forma emocionalmente inteligente. Os explicamos en este post cuál debe ser el principal: abre tu mente.

Y en este comienzo de 2018 seguro que conoces a algunas personas que en los primeros días del año han buscado con ahínco el gimnasio para empezar ya. Otros han hecho lo propio con las academias de idiomas, porque este año va a ser el definitivo para aprender inglés y los más ingenuos nos pusimos a dieta desde el mismísimo día 1 de enero para, con suerte, aguantar hasta el día 6, cuando nuestra ya resentida voluntad se rinde ante el Roscón con nata que suele acompañar a la comida de Reyes Magos.

Sea por experiencia o por observación, tú sabes y yo sé, porque de hecho he sido durante muchos años una de esas personas descritas, que solamente a los titanes de férrea voluntad les funciona la lista de propósitos. El común de los mortales necesitamos mucho más que una lista realizada con nuestros mejores deseos para alcanzar lo que queremos conseguir.

Y a eso voy, porque al final si miramos hacia atrás, eso no es empezar el año con buen pie, porque en el fondo sabemos a ciencia cierta que hay una alta probabilidad de acabar abandonando. Y eso ya sabemos que no nos hace bien.

Un sólo propósito que siempre te apoya: abre tu mente

Hoy quiero compartir otra manera de plantear el comienzo del año, con un sólo propósito, uno que siempre nos va a apoyar: abre tu mente. A mí personalmente me ha traído muchos beneficios que se sostienen en el tiempo mejorando mi salud mental y mi propio bienestar. Y os lo quiero contar.

En el año de “mi” cambio mi primer propósito fue ese: “abrir mi mente”, parece fácil ¿verdad? Yo también lo creía. He tenido la fortuna de viajar bastante por países de cuatro continentes, unas veces por placer y otras colaborando en proyectos de  cooperación, por lo que yo creía que mi mente ya estaba suficientemente abierta, pero un día de las Navidades de aquel año del cambio, me ocurrió algo que me hizo reflexionar:  

Tomando café con una compañera de trabajo hablábamos de manera muy frívola de una persona famosa, muy famosa, que estaba en ese momento de moda en España, cuando otra compañera llegó y se unió a la conversación. Seguimos con nuestro tema y la recién llegada comenzó una increíble defensa súper pasional de nuestra famosa y, la verdad, nos dejó un poco perplejas. Después nos aclaró que era íntima amiga suya y le dolía que personas que no la conocían de nada pudiera hablar de ella como nosotros lo estábamos haciendo.

Aquello me disparó unas cuantas alarmas sobre la cantidad de veces que podemos hacer daño a las personas hablando de lo que en realidad desconocemos. Así fue la primera vez que me propuse abrir mi mente al mundo y dejar de juzgar a las personas como propósito de año nuevo.

Para lograrlo empecé a practicar el “piénsalo antes de decirlo”, para cuestionarme las cosas, primero, y sacar las conclusiones, después. Y comencé con cosas sencillas que poco a poco fueron creando hábito y a su vez aumentando el nivel de cuestionamiento hasta llegar al punto de cuestionarme alguna que otra de mis creencias. Y mi vida entera empezó a cambiar. Os aseguro que una vez que empezáis es difícil dar marcha atrás.

Por todo esto mi propósito cada año es:

  • Abre tus ojos y tus oídos, sobre todo tus oídos.
  • Practica la escucha dejando que tus interlocutores expresen sus opiniones hasta el final, apagando tus juicios y prejuicios para aprender a ver las cosas desde el prisma de otras personas, como a mí me ocurrió con aquella compañera de trabajo, a la que, aún hoy, le agradezco que me hiciera comprender que nadie está en posesión de la verdad, que todo puede ser diferente a como nosotros lo vemos.

 

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|Fotografía principal: Zac Durant on Unsplash|

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