Autoconocimiento, y pierde el miedo a perder el control

Inteligencia Emocional

¿Cuántos roles desempeñamos en una semana? ¿Diez? ¿Veinte? ¿Cien? Crecemos desarrollando numerosas máscaras que nos sirven bien para salir airosos de las situaciones que vivimos. Esas máscaras primero las entrenamos y después nos terminan dominando, y por tanto también condicionando nuestra comunicación. Y si la comunicación es el arte de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás, creo que esas máscaras merecen cierta atención.

Nos proyectamos de decenas de formas diferentes en el mismo día. Depende de con quién, dónde, para qué…. Y en ese ejercicio diario casi involuntario somos prismas emocionales de incontables caras que no siempre gestionamos. Así es que desarrollamos máscaras para controlar, para controlarnos, y las máscaras terminan controlándonos a nosotros. Esto es lo que en otras ocasiones llamamos Ego.

¿Te dominan los nervios cuanto te mira mucha gente? ¿Te asusta que te pregunten demasiado sobre tus sentimientos? ¿Saltas a la defensiva ante las críticas aunque sean constructivas? ¿Te dejas llevar por el pesimismo al iniciar proyectos? ¿O eres demasiado optimista? ¿Ves los cambios siempre negativos al principio? ¿Te ríes cuando socialmente no toca? ¿Levantas un muro defensivo cuando conoces a alguien muy atractivo? ¿Te duele la cabeza cuando no quieres hacer lo que haces? ¿Te enfadas cuando te pones triste? ¿Te pones triste cuando te enfadas? La verdadera pregunta es: ¿lo haces voluntariamente o te acostumbraste y ya no puedes evitarlo?

Conductas programadas

La mayor parte de nuestras conductas están programadas. Las aprendimos copiando y poniéndolas en práctica siempre con una intención positiva. Las necesitábamos. Y entonces llega un momento en el que ya no te sirven, pero ahí siguen.

Y esa conducta programada se une a la obsesión por controlar nuestras emociones. Buscamos en muchas ocasiones, sobre todo cuando nos sentimos dominados por ellas, que no se noten. ¡Que no se noten nuestras emociones! Ahí es nada. Todo nuestro cuerpo lanzando señales y… ¡pretendemos ocultarlas! Lo más perverso es que si tienes éxito y lo consigues el coste puede ser alto, porque cercenar una emoción siempre pasa factura. Es cuestión de tiempo. Está demostrado.

La gestión emocional de uno mismo, la inteligencia emocional, es tan importante que hasta la salud física se beneficia de ello. Y también incide directamente en la calidad de nuestra forma de comunicarnos con los demás y, por tanto, en el ambiente de nuestro entorno. Es la repercusión constante e incesante que generamos.

Autoconocimiento: la primera habilidad de la inteligencia emocional

En estos últimos años he aprendido algunas claves. Una de ellas es “perder el miedo a perder el control”. Menuda paradoja. Sólo perdiendo ese miedo nos permitimos sentir, confiamos en nosotros mismos y vivimos nuestras emociones aprendiendo a usarlas a nuestro favor. Para ello es importante reconocernos, ser capaces de identificar lo que nos potencia, lo que nos limita, y permitirnos sentir las emociones, adaptarlas y decidir si las queremos usar o no en la situación que toca. Es cuestión de autoconocimiento, la primera habilidad de la inteligencia emocional.

[bctt tweet=”Perder el miedo a perder el control a través del #autoconocimiento”]

Perder el miedo a perder el control es por tanto no sentir la necesidad de controlar; es ser uno mismo seguro de que tu propio ser nunca puede ir en tu contra. Es cuestión de nivel de conciencia, de elección personal y de crecimiento interior: otra vez autoconocimiento.

Mostrarse para mirar. Callarse para escuchar. Respetarse para respetar. Quererse para querer. Ese es mi credo. Y me va bien. ¿Te conoces?

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La foto de este post proviene de Pexels.

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