Cómo seguir cultivando la Inteligencia emocional de los niños

Inteligencia Emocional

Acabamos de culminar una preciosa y enriquecedora experiencia facilitando Inteligencia Emocional a más de cuarenta niños de entre 5 y 13 años. Ha sido en el pueblo onubense de Moguer gracias a una iniciativa de Responsabilidad Social Corporativa en estado puro impulsada por Cuna de Platero, una Cooperativa Agrícola especializada en la producción de frutos rojos de esta localidad de Huelva.

clausura

Cuna de Platero ha tenido el apoyo de la Fundación de una empresa suiza que distribuye sus frutas en Europa, PPO Foundation, y la colaboración del Ayuntamiento moguereño. Y entre todos han demostrado que otra forma de hacer negocios es posible. Pero este artículo no pretende hablar de lo importante y productivo que es para una empresa marcarse como objetivo la creación de valor social con una estrategia de RSC coherente como la de Cuna de Platero. Eso lo podemos comprobar viendo la evolución de la cooperativa en los últimos años.

docentes IE Moguer Cuna de Platero

Teresa Gómez, Antonio Gálvez y Lola Pelayo. Docentes del Campamento de Inteligencia Emocional Cuna de Platero en Moguer (Huelva)

El artículo de hoy está dirigido a los padres y madres que quieren regalar a sus hijos la más efectiva de nuestras inteligencias: la emocional. Y queremos dedicárselo muy especialmente a los papás y las mamás de los niños con los que hemos trabajado estas últimas semanas, para que si queréis sigáis el camino iniciado por vuestros pequeños y hagáis crecer en ellos la semilla que Antonio Gálvez, Teresa Gómez y yo misma hemos pretendido plantar con todo el cariño del mundo en 80 intensas horas de juegos, dinámicas y experiencias con sentido.

Aquí os dejamos algunas claves que esperamos de todo corazón que os sirvan para ayudarles a aprender a pensar sobre sus emociones, para que sepan cómo se sienten ellos y puedan detectar cómo os sentís vosotros. Esto mejorará su capacidad de empatía, hará más fluida la comunicación entre vosotros y favorecerá sus relaciones con los demás.

Preguntadles a menudo qué sienten

No qué han hecho o qué quieren hacer. No por qué. Sólo invitadles con la pregunta: ¿Qué sientes? Ellos conocen las seis emociones básicas con las que construimos todos nuestros sentimientos. Ayudadles a expresar lo que sienten, y a seguir diferenciando la tristeza del enfado y viceversa; a nombrar sus miedos; a reconocer el asco o aquello que rechazan y por qué; y a compartir de forma generosa la alegría.

Contadles qué sentís vosotros cuando ejercéis de padres

No les digáis sólo lo que deben hacer o lo que han hecho mal. Empezad por explicar la emoción que os lleva a decir o hacer lo que como padres sentís que debéis hacer. ¿Es el miedo? ¿El enfado? ¿Quizás la sorpresa? ¿Algo de tristeza? Ellos van a entender que mezcléis las emociones básicas, porque ya saben y han trabajado así lo que les hace sentir mal. Han comprobado cómo la emoción, cuando llega el pensamiento, se convierte en sentimiento.

Escuchadles con todo el cuerpo

No de pasada, no haciendo otras cosas. Regaladles cada día ratos de contacto visual para escucharles. Qué les molesta, qué les preocupa, qué temen… Que noten en vuestras caras y vuestros cuerpos que toda la atención es para ellos en esos momentos por breves que sean. Ellos han entrenado el lenguaje verbal y el no verbal, y así os regalarán su atención plena para que les contéis lo que os molesta, os preocupa o teméis vosotros. Dialogad mucho.

Hacedles partícipes y dejadles decidir

Estableced con ellos las reglas y las normas de casa, que participen activamente en su definición para que las sientan como propias. Escribidlas juntos, decoradlas, ponedlas en algún lugar visible. Es el momento de definir los límites y contarles las consecuencias. Después, en cada ocasión, dejadles decidir. Pero eso sí, mantened las consecuencias establecidas juntos. Ellos han conocido la diferencia entre estar mirando, estar participando o estar experimentando a tope las situaciones. Saben que no es lo mismo ver el partido que jugarlo. Y suelen querer jugarlo.

Imaginad con ellos su casa de las emociones

Han construido con su imaginación una casa llena de recursos de refugio emocional. Para el enfado han imaginado una habitación con dos sillas donde hablar con quien se enfadan. Para la tristeza han imaginado un gran espejo donde mirarse para recordar los buenos momentos. Para el miedo, los nervios o el malestar han imaginado una habitación muy tranquila donde sentirse seguros. Invitadles a recordar su casa de las emociones, dibujadla con ellos, compartid ese momento para reforzar el anclaje que han adquirido para regular sus emociones. O inventad con ellos otros sitios maravillosos donde ir con la imaginación a resolverlas.

Confiad en vosotros mismos

Ser padres no es fácil, pero sí es algo natural. La Naturaleza os ayuda. Confiad en vuestras capacidades y en vuestros instintos basados en el amor. No se trata de sobreprotegerlos, sino de prepararlos para la vida en la que ya vosotros habéis recorrido un buen trecho aprendiendo. Aprended con ellos a identificar vuestras emociones.

[bctt tweet=”Educar en #InteligenciaEmocional es educar para la vida. Así de efectivo.” username=”lola_pelayo”]

Vuestros hijos e hijas os adoran. Os observan. Os copian. Y todos en su individualidad son unos niños y niñas geniales. Cada uno de ellos nos ha regalado momentos inolvidables en todas las emociones que han aprendido a identificar. Y nosotros hemos aprendido mucho más con ellos. Por eso, y por estas cuatro semanas de emociones, GRACIAS. ¡Buen camino!

Y nos despedimos con un enlace de algo que seguro os gustará que ellos os enseñen. ¡Dejaros llevar!

Otros recursos disponibles en la WWW que os pueden ayudar:
Cinco estrategias para desarrollar la Inteligencia Emocional de los niños
¿Cómo educar emociones?
Educar con Inteligencia Emocional
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