Comunicación: cinco competencias conversacionales

Desarrollo Profesional

Piensa en cualquier momento de cualquier día en el que estando entre personas no estés usando la comunicación. ¿Puedes? ¿Quizás es un momento en el que estás callado? ¿Y de verdad que no dice nada tu silencio?  Es imposible no comunicar. Esto ya lo sabíamos.

La comunicación interpersonal es de hecho la competencia más básica para cualquier habilidad personal o profesional que puedas imaginar. Dirigir, delegar, motivar, convencer, discutir, enamorar, compartir, divulgar, enseñar, pedir, decidir, solucionar, explicar… En todas usamos la comunicación, y muy especialmente una de sus formas más básicas y que a mí más me gusta: la conversación.

Así es que para comunicar de forma efectiva es lógico pensar que desarrollar nuestra habilidad conversacional nos va a ayudar a mejorar. Desgranar el proceso de la comunicación que se produce en las conversaciones y saber lo que hacemos y cómo en ese proceso nos ayuda a tomar conciencia y proponernos mejoras. El fin último es comunicarnos cada vez mejor, esto es, entender a la otra persona y que la comunicación fluya clara y efectiva. Recuerda que en comunicación lo importante no es lo que decimos, sino lo que el otro entiende.

Las cinco competencias conversacionales
  1. Hablar de forma responsable

Hablar así es sobre todo saber diferenciar nuestros juicios de nuestras afirmaciones, que no es fácil. Hace frío es un juicio. Piénsalo. Soy bajita, otro. Eres guapísimo, otro juicio más. Lo más importante en esta competencia es aceptar que lo que decimos es nuestra propia percepción de una realidad que compartimos pero que no percibimos todos de la misma manera. Es eso que en Programación Neurolingüística se explica con la conocida frase de unos de sus primeros impulsores, el lingüista Alfred Korzybski: el mapa no es el territorio.

Además, hablar de forma responsable es hacerlo usándonos como sujetos activos de nuestras oraciones. Por ejemplo, mejor que decir que “es la única forma de hacerlo” sería “en mi opinión es lo que yo haría”; en vez de decir que “no ha habido tiempo” decir “he hecho otras cosas antes”; mejor que “me suspendieron” es decir “he suspendido”; y no es que “me ignoran”, es que “no he sido capaz de hacerme escuchar”. En este mismo blog escribí hace algún tiempo sobre el lenguaje responsable, por si te apetece ampliar sobre esta poderosa herramienta de crecimiento personal.

  1. Escuchar de verdad

Esto no es otra cosa que eso, callarse y escuchar para entender, no para contestar. Repetimos: para entender, no para contestar. Se trata de hacerlo con una disposición abierta como resultado de una curiosidad sincera por saber cómo el otro percibe esa realidad que compartimos. Esto es la escucha empática, que es más que la escucha activa, y por supuesto más completa que la escucha selectiva. Necesitamos una conexión constante sin interrupciones para escuchar de forma empática el global de la comunicación de la persona que nos habla: sus palabras, sus entonaciones, sus gestos. Todo comunica. Y esto no se aprende, con entrenarla ya basta.

  1. Indagar con conciencia

Haciendo preguntas abiertas que son las que no se resuelven con un sí o un no. Preguntas que se enfoquen en el futuro más que en el pasado, que impliquen a la persona y sus emociones en el tema que estáis tratando. Preguntas que inviten a tomar acción, sin reproches, sin suposiciones. Mejor un qué que un porqué. Preguntas, preguntas, preguntas…

  1. Sintonizar

Entrar en sintonía no es tan difícil si de verdad ejerces una escucha empática o como mínimo activa. Colocarse en el punto del dial de la persona con la que conversamos es acercarnos lo más posible a sus actitudes y sus aptitudes. Adaptar y casi copiar el lenguaje, la actitud emocional e incluso el lenguaje no verbal, con exquisito respeto eso sí, nos permitirá establecer un vínculo muy potente que facilitará la comprensión mutua. Prueba.

  1. Ser constructivos

Es otra obviedad que sabemos y no siempre cultivamos. Ser constructivo es poner el foco en compartir, sumar, integrar, no competir por tener la razón, sino ser capaces de buscar un tercer punto de vista. De nuevo se trata de evitar comparaciones, juicios, generalizaciones y suposiciones.

[bctt tweet=”Lo más importante en #comunicación no es lo que decimos, sino lo que el otro entiende #conversación efectiva” via=”no”]

Mientras conversamos estamos exponiendo nuestras ideas y nuestros sentimientos, y a la vez descubriendo lo que la otra persona piensa u opina y siente; así que además de palabras estamos intercambiando emociones, y por si fuera poco, lo hacemos a la velocidad del rayo, por lo que las automatizaciones de nuestras conductas nos dominan fácilmente. O sea, que si tu tendencia es a escuchar poco, pues en plena conversación más difícil te será hacerlo. Si estás habituado a no responder, te costará meter baza. Si habitualmente cuando sientes que no hay acuerdo “desconectas”, pues más te costará cada vez centrar la atención.

Por lo tanto, el verdadero reto es traer al consciente cómo conversamos y qué es lo que nos interesa afianzar o cambiar. ¿Cómo lo hacemos? Te propongo que te puntúes sinceramente en cada competencia, y después decidas acciones concretas para entrenar las que necesites, una a una, hasta que tus conductas vuelvan automatizadas al subconsciente pulidas y mejoradas. ¿Cómo conversas?

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La foto destacada de este post es una imagen de Pexels.

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