Pon en tu casa los ODS y ayuda al mundo

Pon en tu casa los ODS y ayuda al mundo

Empresas

Te lo vamos a pedir directamente, sin fuegos de artificio: pon en tu casa los ODS y ayuda al mundo, comprométete con los mismos Objetivos de Desarrollo Sostenible a los que miles de empresas e instituciones ya están mirando desde sus políticas de gestión y Responsabilidad Social Corporativa (RSC). No hay muchas más alternativas.

Este artículo no pretende ser ecologista, ni alarmista, ni aprovechar la moda de lo natural y biológico; lo que pretende es aportar nuestro granito de arena para fortalecer el movimiento internacional que quiere garantizar un futuro sostenible en el que quepamos todos. Al menos que tu inacción, si así lo decides, no sea por desconocimiento.

Qué son los ODS

Herederos de los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas, que marcaron las políticas internacionales hasta 2015, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son el esfuerzo renovado y ampliado de todos los estados miembros para revertir un desarrollo social y económico que a todas luces no estaba funcionando. Las desigualdades eran, son, cada vez más amplias. El caos y el deterioro ambiental era y es evidente. 

Así que, para marcar METAS (medibles, específicas, tangibles y alcanzables) nacieron en enero de 2016 los Objetivos Desarrollo Sostenible que atienden los grandes problemas sociales, ambientales y económicos del mundo. Cada uno de los ODS tiene definidas una serie de metas específicas propias, y cada meta sus particulares indicadores para medir si avanzamos hacia la solución. Nacía de esta forma todo un plan de acción con 17 ODS, 169 metas y 231 indicadores. Arrancaba la Agenda 2030. Nos quedan 10 años.

Un reto de empresas y gobiernos que necesita a las personas

En el espíritu del nacimiento de los ODS había tres conclusiones claras: era necesario implicar a todos los países –y ahí entra el compromiso de los gobiernos-; las empresas de todo tamaño debían estar implicadas – y ahí entra la RSC-; pero sobre todo: las personas deben comprometerse también e impulsar con sus acciones cotidianas los mismos retos. 

Es una cuestión de lógica si lo piensas. Las personas eligen los gobiernos. El motor más eficaz del compromiso de las empresas es que serlo les resulte rentable, algo que está en gran medida en manos de los consumidores que somos todos los ciudadanos. Somos la llave.

Qué podemos hacer

Existe el sentido común, que es el menos común de los sentidos y que bien podría guiar nuestras acciones diarias de conductas amigables con el planeta. Pero también existe una guía internacional de las propias Naciones Unidas: la “Guía de los Vagos para salvar el mundo”, de la que el nombre no me gusta nada pero me encanta su contenido, porque va de lo más básico que podemos hacer sentados hasta gestos muy transformadores.

Si eres un “rey del sofá” puedes ahorrar electricidad enchufando los aparatos electrónicos en regletas para apagarlo todo junto. Puedes entrar y comentar este post o interactuar con otras campañas en redes que defienden estos gestos. Puedes hasta exigir a tus administraciones desde tu tablet que tomen acciones más contundentes. Y de paso, sólo comprar online en empresas cuya gestión responsable te ofrezca confianza.

Si quieres ser un nivel superior, aspiras a “héroes del hogar”. Puedes usar menos o nada la secadora, cargar al máximo tu lavadora y lavavajillas, no darte duchas largas ni desperdiciar alimentos; y puedes reciclar, comprar productos que no estén excesivamente empaquetados, y así un largo etcétera.  

Si te propones subir de nivel hasta ser un “vecino simpático”,  deberías empezar a comprar productos cercanos en tiendas locales, si es posible procedentes de producciones ecológicas. Y puedes usar más el bus o la bicicleta, compartir el coche, utilizar botellas de agua reutilizables, llevar tu propia bolsa de la compra, donar lo que no utilizas, comprar de segunda mano…

Pero tú, que te va la marcha, lo que quieres es ser un ciudadano “excepcional en el trabajo”, así que vas a defender los derechos de los trabajadores y a luchar contra cualquier tipo de desigualdad; vas a asesorar a los más jóvenes, a tener las mismas actitudes en el trabajo que en casa; y sobre todo, vas a exigir a tu empresa que se comprometa con las mismas prácticas sostenibles que tú.

Claro que sí: los ODS son retos mundiales, y empresas y gobiernos han de actuar, pero nosotros también somos parte del mundo. Por eso los ODS son tus retos. Se nos acaba el tiempo de reacción.

 

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